Tenía que ser negro

Por Claudio Pelaez Sordo 

                                                                                                                                           “…todo lo que discrimina a los hombres, aparta        o acorrala, es un pecado contra la humanidad”

José Martí  

Hace días una amiga hablaba de su niñez y hacía referencia de cómo un amiguito la iba a buscar bien temprano a la casa para ir juntos a la escuela. No sospechaba ella que esa rutina la pondría frente a un conflicto del cual quizás nuca se habría enterado, a no ser por la molestia de su abuela quien se vio impulsada a preguntarle por qué ese negrito la buscaba todos los días. Cuenta mi amiga que le respondió que eran novios y relata también el casi infarto que le provoca a su abuela.

Anécdotas como estas sucedían, suceden y sucederán hasta darnos cuenta, sobre todo en este archipiélago mezcla de razas y culturas, que el conflicto racial no hace más que estancarnos y hacernos tan bárbaros como siglos atrás.

He crecido en un ambiente donde blancas se enamoran perdidamente de negros; de blancos que juran amor eterno a negras. Y aunque en algún momento me llamó la atención, hoy no me asombra y me resulta algo normal.

Las uniones inter raciales siempre son motivos de cometarios como “hay que adelantar la raza”, para elogiar al negro que se unió con la blanca; o “vas a atrasar la raza” para criticar a la blanca que se unió con el negro. Sin dudas esto muestra a una parte, que aunque no se declara racista, todavía en su subconsciente quedan rezagos de discriminación.

“Tenía que ser negro”, otra frase que me hiere, sobre todo cuando viene de una misma persona negra. O la más ridículas de todas, “si parece un blanco”, para elogiar, sí para elogiar, al negro que tiene una buena conducta. Como si la piel blanca fuera inmaculada. No solo hay marginación del blanco hacia el negro, la hay también del negro que ve con odio al blanco que se cree superior; del blanco hacia el mismo blanco y del negro hacia el mismo negro. Cuando se trata de las contradicciones entre el color de piel ya no solo se habla del status social, sino también de racismo.

La abuela de mi amiga creció en una Cuba donde la discriminación hacia el negro estaba institucionalizada. Intentó adoctrinar a su nieta 40 años después de la Revolución que se enfrentó a ese conflicto y nos hizo creer a todos que éramos iguales. Dice mi amiga que jamás fue novia de su amiguito, pero la respuesta a su abuela fue para desaprobar su pregunta.

Hoy la Revolución Cubana suma más 50 años y nos hemos dado cuenta que no somos tan iguales como nos hicieron creer y que cinco décadas de proceso revolucionario no bastan para resolver un conflicto tan legendario como el del racismo. Es por ello que hablar de racismo en Cuba es tan necesario como el pan nuestro de cada día.

Por mi parte no he corrido la suerte de mi amiga. Mi bisabuela era una negra que volvió loco a un gallego.  Mi abuela era una negra que hizo a mi  abuelo blanco dejarlo todo por ella. Y yo soy el resultado de esa mezcla: piel blanca con labios carnosos, pelo crespo y nariz ancha, que lo mismo bailo una rumba, que un danzón.

Ya lo dijo el Maestro, peca por redundante todo aquel que diga mi raza.

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