Colores desbordados

Por Claudio Pelaez Sordo

Bodeguera

Soy el hijo de la bodeguera y te pido de favor que no la uses como ejemplo para hablar de personas ignorantes.

Soy también el hijo del barrendero y no me gusta cuando hablas de él en tono despectivo.

Soy sobrino del hombre que anda con un saco recogiendo latas dentro de los lugares más hediondos de La Habana y tu sonrisa de burla me provoca mucha roña y ronchas.

Además, tengo el privilegio de que mi prima sea la tía de limpieza de una primaria donde los niños la quieren más que a la maestra; así que tu lástima solo te lastima a ti.

Te puedo decir un poco más, el enfermero del que te reíste por ser gay le salvó la vida a más de 100 personas en dos días. Ten cuidado, la burla puede buscarte 100 nuevos enemigos. Bueno 101 porque pensaste que todas las enfermeras le enseñan su falda a cualquiera y Marianita es la enfermera del siglo XXI: casada, bonita y fiel. El gay es el hermano de Marianita. Y Marianita… es mi esposa.

Más cuidado debes tener cuando dices que todos los constructores son unos ladrones. Mi abuelo trabajó toda su vida en una fábrica de bloques y murió en una casa de madera.

Junto a él mi abuela, la viejita que te vendió el maní con dos frijoles dentro. Mas fuiste incapaz de comprender que esos eran los frijoles mágicos. Ah claro, las viejitas que venden maní no tienen derecho a la imaginación. Ella es una soñadora como Lennon.

El único ignorante en todo este pequeño cuento soy yo, que no sé todo lo que ellos han tenido que hacer para llegar al lugar donde están. Tampoco me importa.

Ya ves, mi familia es un dibujo desbordada de colores, pero que no ha encontrado cuadro donde posarse, ni pincel que se atreva a retratarla. Así que si tú no te atreves, solo te pido silencio y respeto.

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2 comentarios

  1. César Rodríguez

    Tu familia se parece a mi familia y a mis amigos y a mi barrio cuando estaba en Cuba, pero también se parece a los nuevos amigos y nuevo barrio donde vivo y que tengo en un país muy lejos de Cuba. De manera que me doy cuenta que soy yo quien busca sus iguales, quien se une al medio donde se siente cómodo, porque en él, encuentro mas humanidad. Por eso no tengo mas enemigos que los culpables de que tu abuelita tenga que vender maní con frijoles o que a tu pariente gay el sueldo no le alcance para nada a pesar de salvar vidas a diario. Por eso estoy de acuerdo, hay que exigir respeto. Salir desde el fondo sin discriminar, ni olvidar al que no lo logre, pero exigiendo también respeto por nuestros derechos.. Por ahí andaríamos mejor y andarán mejor nuestros hijos también. Saludos desde Chile.

    9 de enero de 2013 en 11:30 PMEne

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