Guerra y Paz en La Habana

Por Claudio Pelaez Sordo

Clemence Poésy en el papel de Natasha Rostova

Clemence Poésy en el papel de Natasha Rostova

Mientras sábado en la noche una parte de La Habana festejaba los 30 años de vida artística de Carlos Varela, otra minúscula porción se entregaba con desvelo y asombro a una nueva adaptación de La Guerra y la Paz de Leon Tolstoi. Una superproducción europea de 408 minutos en total, dividida en cuatro capítulos como para quedarse hasta la medianoche en el cine, enfrentando el frío y el hambre que pudo ser aliviado con una bendita pizza de cinco pesos.

La superproducción corrió a cargo de las arcas de Rusia-Polonia-Italia-Francia-Alemania, un productor para cada país y la dirección la asumieron Robert Dornhelm Dornhelm, director en 2002 de la miniserie de televisión La historia de Ana Frank, y Brendan Donnison, quienes tuvieron que lidiar con 15 000 extras pues el reparto les debe haber dado muchas gratificaciones.

Una Clemence Poésy en el papel de Natasha Rostova que se creyó la seductora y seducida de la época, pero terminó pagando su ingenuidad amorosa, que finalmente la llevó a encontrar en Pierre, devenido Conde Bezukhov literalmente de la noche a la mañana al ser reconocido hijo legítimo por el moribundo Conde Bezukhov, el amor oculto durante toda la trama.

Alexander Beyer que interpreta a Pierre Bezukhov es el amigo que no traiciona, el consejero de Natasha. El que tomamos por hombre bueno sin calcular que retaría a duelo al Tartufo que le mordió la mano y le puso los cuernos con su esposa, sin importarle las habilidades de este con las armas. Y termina hiriéndolo, muestra de que el valor en ocasiones aplasta al contrario más ágil.

En el elenco también destacan Alessio Boni como el Prince Andrej Bolkonsky quien enfrenta a los franceses cuando el después nombrado General de las tropas rusas sale huyendo. Pero a una muerte digna no le temía para así complacer a su padre el Prince Bolkonsky interpretado por Malcolm McDowell quien disentía de su matrimonio con Natasha Rostova y termina enviándolo al regimiento de la frontera rusa luego de su rescate afortunado, para desgastar los sentimientos surgidos entre la pareja.

Scali Delpeyrat protagonizó a un intermitente personaje de Napoleón que no dejó de verse como el prepotente ambicioso conquistador del mundo,  presa de su ambición descontrolada y sofocado por el mejor amigo de los rusos, el frío.

El guión a seis manos por Lorenzo Favella, Enrico Medioli y Gavin Scott encargado de discriminar indudablemente una obra tan extensa como la de Tolstoi no deja de lado el ambiente epocal, ni esa jugosa caracterización de los personajes de quienes pudiéramos escribir un ensayo personalizado por la riqueza de todos. Ya desde aquel entonces Tolstoi nos decía, y el guión de la super producida miniserie no lo dejó escapar, que los héroes están hecho a prueba de balas, pero sus sentimientos no; que en el campo solo se admite odio por el enemigo, no por el hombre que se robó la oveja y luego tiene las mismas heridas por defender la Patria.

Esta superproducción de la televisión europea de 2007 llega a la sala Chaplin a propósito del ciclo “Napoleón y su imagen fílmica”  que rodará durante todo enero filmes como Napoleón, de Yves Simoneau; Desirée, de Henry Koster y por supuesto la gran versión de Sergei Bondarchuk de La Guerra y la Paz.

Si alguien se embulla a ver la miniserie no olvide llevar un pan con algo, un pomo de agua hervida y un pañuelo, por si la banda sonora le resulta a tono con las imágenes y le exprime alguna lágrima.

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