La tentación del voto unido

 

Por Claudio Pelaez Sordo

 boleta_verde

Por más que le dije a los amigos que en estas elecciones no daría mi voto unido no pude resistirme  ante la tentación de marcar una sola cruz en el circulito de la boleta blanca y de la verde. Terminé finalmente abogando por el voto unido y no por simple comodidad.

Tuve poco más de un mes para leer las biografías de los delegados a la Asamblea Provincial del Poder Popular y la de los Diputados a la Asamblea Nacional. Intenté leerlas en las cafeterías y panaderías donde se encontraban colgadas, pero la premura del tiempo no me dejaba pasar del tercer párrafo. Entonces cada día leía una distinta. Al final, como es de suponer en cualquier biografía y currículo cuando se opta por una plaza, todos son buenos trabajadores, ciudadanos y dirigentes.

 

Lo que si me llamó agradablemente la atención fue ver la heterogeneidad de posiciones económicas, sociales e ¿ideológicas? Desde el Ministro de Comercio Exterior, la Gerente del Hotel Nacional hasta la mujer que forma parte del programa Educa a Tu Hijo, integraban la candidatura. Este hecho me sedujo, aunque hubiese sido mucho más seductor el haber hablado con ellos, saber cómo piensan o cuáles son sus proyecciones para los próximos cinco años. Me queda ese sin sabor que justificaré haciéndome creer que quienes los eligieron para estar en la boleta tuvieron estas mismas inquietudes y optaron por los mejores y más capaces. Me arriesgué una vez más a depositar mi voto en quienes son considerados aptos para el puesto que no todos están prestos a asumir.

Sin dudas ellos saben en la “candela que se están metiendo”. Sus jornadas diarias serán de más de doce horas entre reuniones y acciones para resolver los problemas del barrio, la provincia y la nación. Sus conflictos personales aumentarán en dependencia de la comprensión de su esposa o esposo, y por supuesto del tino con que sepan manejarlo. Esa responsabilidad, más allá de los mecanismos a través del cual son electos, no todos están dispuestos a asumirla.

Esta es la segunda vez que ejerzo mi derecho al voto para elegir a los delegados y diputados. La primera vez que opté también por el voto unido me fue muy bien. En esa legislatura logramos al fin que nos sacaran, después de 21 años enviando cartas a todos los niveles, de un edificio que estaba a punto de derrumbarse y nos dieran apartamentos nuevos. Pudimos dialogar en una asamblea de rendición de cuentas del CDR con el intelectual Roberto Fernández Retamar, diputado por nuestra zona. Muchos dicen incluso que fue el autor de Felices los Normales, quien puso la gota que colmó la copa para que nos acabaran de mudar del edifico tambaleante.

Espero que quienes ejercieron su derecho al voto este domingo 3 de febrero logren ver resueltos sus principales problemas y puedan ser protagonistas de la democracia participativa, de la que tanta gala hacemos. Yo, peco una vez más ante la tentación del voto unido, sin motivo de arrepentimiento y con derecho a rectificar en caso necesario.

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