Historia de una guaguanovela

Por Claudio Pelaez Sordo

Cintillo

Mejor que una radionovela de Progreso es tener la suerte de estar en una guagua y que dos muchachas se pongan frente a ti y comiencen a dar la charla que posiblemente uno sería incapaz de darle.

Durante ese entretenido momento conocerás a varios de sus amigos y si coincide, hasta te darás cuenta de que tienen al menos un amigo en común. Entonces la guaguanovela se pondrá mucho más interesante.

Si una de las dos tiene novio comenzará a describir sin mucho lujo de detalles lo que hizo el día anterior con él. La otra, ni corta ni perezosa, dirá que ella salió con un amiguito que la invitó a La Cecilia.

-¿Y quien es ese amiguito?- preguntará la del novio, casi bajito para ver si logra respuesta.

-Uno ahí que está buenísimo, pero está casado con la vecina del frente- responderá la otra para provocar más intriga.

Y el pasajerooyente atento a la guaguanovela. Rezando porque el interior siga apretado para que las protagonistas no se vayan al fondo. En cinco minutos pasan más capítulos que una novela brasileña en un año. Van desde la variedad de postura de huevos que tienen en su refrigerador hasta las pullas que están pagando a plazo.

Pero un momento bueno de verdad es cuando se dedican a despellejar a la compañera de trabajo que les cae mal.

-“Viste lo que dijo fulanita hoy, como le gusta hacerse notar delante de la gente. Con la licra esa que parece un tamal en hoja de plátanos”.

-“Si niña, lleva cinco días con la misma licra puesta. Y quería hoy que le pagara todo el año del Sindicato. Se tufó”

Y en ese tema si se pueden pasar más capítulos que una novela brasileña. Por fortuna en ese momento una canción de Los Aldeanos, la más comercial que tienen ellos llega a las bocinas de la guagua y una dice:

-¡Cómo me gusta esa canción de Los Aldeanos:! He creado un ángel verde gris que a veces le hablo bajito por si está

Y el tipo de al lado que también estaba escuchando la guaguanovela se sabe también la canción y comienza a cantarla un poco alto como para tratar de entrar en guara con las protagonistas, que al parecer solo están para que le presten atención a ellas.

Aunque ciertamente ellas durante toda su conversación hicieron un estudio de su audiencia y rápidamente se percataron de los más interesados y de los no tan interesados en lo que están contando. Y saben muy bien lo que es público y lo que no; independientemente de que a veces los márgenes estén más corridos o menos corridos.

Minutos antes del final de su destino deciden guardar silencio. Un recurso muy importante dentro de la radio.

El problema resulta ser que si fuiste durante todo el trayecto escuchándolas sigilosamente, sin creer que ellas no lo sabían, pecaste. Porque al bajarte coincidentemente en su parada y seguir el mismo camino que ellas, te conviertes en un potencial altamente acosador sexual de ellas.

Dejaste de ser un pasajerooyente para convertirte en un acosador. Y mientras ellas caminan, a la vez que miran hacia atrás, no hacen más que recordártelo. Pero tienes una opción todavía. Puedes apretar el paso, rebasarlas y dejarlas atrás, aunque corres el riesgo de que al pasarles por al lado puedan gritar en coro afinado como las muchachas de la calle G: “Un violador, un pajuzo”.

Y ahí sí que no entenderás nada de aquella guaguanovela.

Moraleja:

Las guaguanovelas son muy entretenidas, pero no pongas tu punto de atención en los pechos de las protagonistas porque puedes terminar siendo la historia de la próxima guagua.

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