Necesidad de una ciencia equitativa y justa

Edell Escalante Martínez

Ciencia y filosofía

Ciencia y filosofía

Es cada vez más urgente definir la relación que existe entre la Ciencia y la Filosofía en orden a reflexionar sobre la posibilidad de una ciencia equitativa y justa, que genere a su vez un mundo más habitable para todos los seres humanos. Se hace necesario, entonces, en orden a una honradez filosófico-científica (si se quiere) conocer ¿qué es ciencia?, ¿qué relación guarda con la filosofía? y notar de qué manera esta ciencia impacta en la cultura actual, y qué visión de ciencia tienen nuestras sociedades.

Es curioso cómo quedó definida “ciencia” en una discusión entre estudiantes universitarios: “conocer”. Y tal definición, tiene un núcleo de verdad, pues la ciencia es un conocimiento sistematizado en cualquier campo. Antonio Diéguez, en Filosofía de la Ciencia (2005), apunta: “La ciencia, entre otras cosas, es una actividad intelectual en la que se realizan razonamientos o inferencias, es decir, en la que se obtienen conclusiones a partir de determinadas premisas”. Sin embargo, prefiero abordar la ciencia no como el conocimiento si no como un tipo de conocimiento, no es “El Conocimiento”, y en este sentido habría que discutir sobre la confiabilidad de la ciencia, su método y progreso (este progreso entendido como la humanización y el desarrollo, no el utilitarismo y despersonalización a la que conduce la tecnología hoy día).

También sería viable conocer si la ciencia beneficia o daña y, en último caso, como sugiere Pablo Mella, sj, filósofo dominicano, ver si “esta ciencia es capaz de alcanzar la verdad oculta de lo que aparece en la naturaleza”. Sería uno de los compromisos sinceros de la ciencia hacer aparecer lo que está oculto en orden a explicar el proceso lógico que se ha seguido para llegar hasta ahí.

Por su parte, “la filosofía de la ciencia” es la investigación sobre la práctica científica. Se ocupa del saber, del desarrollo, evaluación y cambio de las teorías científicas, de tal manera que se pueda ofrecer una información cada vez más precisa y lógica de la realidad. Vale aclarar que muchos científicos se han desentendido de “la filosofía de la ciencia”, argumentando que “ellos hacen ciencia”, sin considerar en términos más acertados que estudiar la manera de hacerla es más general y tal estudio resulta necesario para el propio decursar científico. Grandes filósofos de la ciencia han sido importantes físicos como los de la Escuela de Viena entre ellos Karl Popper, Rudolph Carnap y Gustav Bergmann –quienes se nutrían del empirismo radical de Ernst Mach–, también otros científicos como Gottlob Frege, Russell y Wittgenstein fueron impresionados por el avance de la lógica y la matemática así como por la filosofía del lenguaje.

Es importante apuntar también que “la filosofía de la ciencia” es indisociable de la Teoría del Conocimiento, la Epistemología, la Sociología y, a mi juicio, necesita en estos tiempos de la Ética frente a una despersonalización de los seres humanos debido a la cultura tecnicista reductora.

¿En qué sentido se puede decir que “la filosofía de la ciencia” aporta a la Ciencia en sí misma? Es uno de los grandes debates actuales que no se ha llegado a consenso alguno. Me parece acertado escuchar a Antonio Diéguez nuevamente: “Es evidente que conocer la filosofía de la ciencia no es necesario para hacer buena ciencia, y que, por tanto, los científicos no tienen necesidad de prestarle atención para desarrollar su trabajo; sin embargo es exagerado e injusto, como digo, afirmar que la filosofía de la ciencia no ha contribuido a mejorar nuestra comprensión de la ciencia”.

Sería muy sano (parafraseando a Diéguez) encontrar una filosofía de la ciencia implícita en las concepciones científicas y sería muy útil intentar mejorar estos argumentos, en orden a una investigación científica más completa. Entiendo por investigación científica más completa, no la que mueve hoy día el mercado cosificador con sus perspectivas limitadas de desarrollo y funcionalidad. Se trata –en sentido humano– de dialogar con las posibilidades de una calidad de vida y del ya conocido concepto de sotenibilidad y cuidado que es un camino viable a seguir y del cual la ciencia no debería divorciarse.

Para Leonardo Boff, excelente teólogo e intelectual brasileño, la sostenibilidad tiene que integrar la vida y formar una relación armónica. Este interés se comprende desde la falta de visión que hoy día posee la manera de hacer ciencia, comprometiendo la existencia humana, sólo por el desmedido afán de producir y ser “eficaz”. Es necesario replantear ambos conceptos: producción y eficacia, teniendo en cuenta al ser humano como esencia y centro de nuestros trabajos y desvelos diarios. Transformar la manera de hacer ciencia y de crear técnicas a favor de la especie humana, generaría la vida sostenible y el cuidado necesario para ser realmente productivos y eficaces de acuerdo a la calidad de vida y el buen vivir.

Leonardo Boff en su artículo “Sostenibilidad y cuidado: un camino a seguir” señala la importancia antes mencionada de promover la convivencia, las relaciones de solidaridad con el entorno, la relación amorosa y respetuosa con la realidad. Y aquí se hace imprescindible citarlo para poder entender lo que sería producción y eficacia que promocione sin equívocos la existencia humana: “Se trata de una actividad que implica un tipo de economía respetuosa de los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra, una sociedad que busca la equidad y la justicia social mundial y un medio ambiente suficientemente conservado para atender las demandas humanas”.

Una verdadera economía debe romper el mito de la suficiencia, que compromete el ecosistema y la posibilidad de una vida sana, entregada por Dios para protegerla, regenerarla y conservarla. Es la apuesta por “una actividad que implica un tipo de economía respetuosa de los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra, una sociedad que busca la equidad y la justicia social mundial y un medio ambiente suficientemente conservado para atender las demandas humanas”. Sin perder, por supuesto, el fin excelentemente definido por Boff “poder atender las necesidades de las generaciones futuras que también tienen derecho a un planeta habitable”.

Por otra parte, sería interesante llegados hasta aquí ver el impacto que ha tenido en la cultura la ciencia. Resulta muy interesante notar cómo en nuestras sociedades, de hace un tiempo acá, se ha priorizado, por ejemplo, un vocabulario más cientificista: he revolucionado todo el barrio con este hecho o ¿cómo sabes que eso es cierto si no lo has comprobado? En nuestra manera de comunicarnos vemos cómo está presente la idea de comprobabilidad e ideología del progreso. Desde luego a esta ideología progresista debe acompañarle quizás una mejor comprensión de las ciencias. Se percibe como expone Jean Ladrière, filósofo belga, una ingenuidad en las posibilidades de las ciencias que en ocasiones su progreso y su bien no ha estado del todo tan claro. Con mucho acierto el belga destaca que el desarrollo de algunas tecnologías ha comprometido el equilibrio ecológico del planeta, (relación hombre–medio ambiente).

Hoy se necesita una política científica más acertada que enrumbe el curso de la ciencia hacia destinos más certeros. Es curioso comprobar cómo en algunas comunidades indígenas de alguna manera existía ya un germen de democracia; y, lo mismo pasa en su interacción sostenible con el medio ambiente. Estas comunidades se vieron mejor enfocadas hacia la conservación y la seguridad del mismo. Según Ladrière se trata de integrar mejor y satisfactoriamente la ciencia y las tecnologías en las culturas, apostando siempre por un crecimiento de la especie humana para no convertirla en el “metarrelato de los vencedores”.

Rescatar la sensibilidad que necesita la ciencia y la técnica actual acompañada de la ética posibilitará una salida hacia un paradigma menos agresivo, equitativo, justo y responsable.

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Una respuesta

  1. Anita

    Claro que si, estoy de acuerdo contigo. Se puede hacer ciencia de muchos modos, pero no podemos olvidar todos los factores que están relacionados tanto económicos como ambientales, entre otros. Pero sobre todo que la aplicación de esa ciencia sea a través de soluciones aterrizadas, porque te encuentras cada cosas por ahí… que mejor ni comentar. Buen post, saludos.

    4 de abril de 2013 en 11:30 PMAbr

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