Hablar de política

Por Claudio Pelaez Sordo

Hablar de política

Hablar de política

No sé si es solamente una característica de los cubanos o simplemente queda reducido a mi círculo de jóvenes amigos, pero cada vez que me reúno con ellos en una fiesta, cine o concierto terminamos hablando de política. A pesar de que siempre la primera advertencia sea: “Hoy vamos a hablar de cualquier cosa menos de política”. Lo cual lleva implícito que en el último encuentro terminamos discutiendo, con puntos de vista diametralmente encontrados y gritando, porque si hay algo que no hemos aprendido los cubanos o mi círculo de amigos es a discutir sin alzar la voz.

Cuando empezamos a hablar escogemos temas que estén alejados de la política: la jevita (así le decimos los cubanos a nuestra novia), la pura (así le decimos a nuestra madre), el puro (nuestro padre), de la novela cubana en televisión que está en candela aunque a la abuelita del primer piso le gusta.

Salta un criterio que afirma que la televisión cubana cada día está peor, que de cubana solo tiene el nombre pues son más los programas extranjeros que los nacionales. Y después viene otro con el criterio de que es increíble como en el Periodo Especial había menos recursos y se producían aventuras de mejor calidad: Los Papaloteros, Los Pequeños Campeones, Memorias de un Abuelo,  clásicos que han quedado en el imaginario de toda una generación que  siempre compartía a las 7:30 pm su plato de comida con los personajes cubanos de aventura.

A partir de ahí comenzamos a hablar de política, que quiere decir más o menos criticar todo lo que pueda ser criticado e intentar cambiar, desde un pequeño círculo de amigos, todo lo que pueda ser cambiado a pesar de la rueda viciosa en la que a veces caemos.

Hablar de política implica analizar lo difícil que está la situación respecto a la comida y cuestiones tan básicas como el papel sanitario o la frazada de piso que a veces están ausentes del mercado o con precios exagerados. Pero la culpa la tiene el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Parte de la culpa, dice uno de los que está en el debate, la otra parte la tiene el bloqueo interno que tenemos nosotros mismos.

Cuando se habla de política existe un clásico Top Ten, temas que son recurrentes, que no pueden faltar: el sueño de viajar fuera de Cuba, el bloqueo de Estados Unidos contra nuestro archipiélago, el cable de fibra óptica (que ha logrado un rating increíble), el transporte público, lo que no dice nuestra prensa, la burocracia con su clásico peloteo, las elecciones, la homofobia , el Periodo Especial y el cambio de mentalidad.

Los demás temas están en dependencia del contexto nacional e internacional del momento. En torno a esos tópicos se comienzan a generar disímiles posiciones, desde las más conservadoras hasta las más liberales. A medida que avanza la conversación se descubre que el más conservador es el más liberal en otro tema, mientras que el más liberal al principio resulta ser el más conservador respecto a otro.

Mientras se habla de política se deja ver que no todo es tan fácil. Si en un pequeño grupo se generan posiciones tan encontradas, a niveles superiores debe ser mucho más complejo y encima de eso tener que decidir.

Lo que siempre uno se pregunta es que si hay soluciones tan evidentes por qué se hace lo contrario, más o menos como sucedía con la ley migratoria; mientras la preocupación normal era buscar el dinero para el pasaporte, los cubanos teníamos que preocuparnos además por un permiso extra que últimamente siempre otorgaban, pero era sin dudas un paso que nunca debió existir.

Hace días un amigo que se había ido a vivir para Alemania y estaba en La Habana de visita comentaba su nostalgia por sentarse en el Malecón y participar de esas discusiones políticas de las que él siempre era uno de los principales provocadores. Él me hizo ver que hablar de política es más nacional que la pelota. Quien se va extraña esas discusiones donde por más que queramos y lo intentemos nunca van a tener gracia que sean en voz baja.

Cuando hablar de política se convierte en la discusión central de la fiesta, concierto o salida al cine, es momento de dejarlo ahí, donde existen criterios que no se van a entender. “Caballero nosotros no vinimos a hablar de política”, dice la misma voz que al principio advirtió que de cualquier cosa menos de política.

Y todas las partes desisten de seguir polemizando, pero con cierta complicidad saben que en el próximo encuentro volverán a caer en la tentación de hablar de política. Para esa próxima vez buscarán el argumento que faltó, la cifra que olvidaron, la cita exacta del autor del artículo leído para tratar de convencer al amigo que tiene una opinión diferente. Al final nos percatamos que hablar de política significa hacer política.

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Cuba, sociedad,

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5 comentarios

  1. Me recuerda a mi cuendo tenía diez años menos y me creía el poseedor de la verdad absoluta frente a mis amigos que según ellos no tenian una venda en los ojos… Esa es una étapa bonita, después te das cuenta que lo importante es la amistad. Bonito Post.

    16 de abril de 2013 en 11:30 PMAbr

  2. Si bien me gustó el post, más me gustó el remate de Ariel… ¿me estoy poniendo viejo?
    A mi lo que me hizo pensar fue en una idea que me está rondando hace rato, y que merecerá un post próximo en mi blog: todo el mundo cree que tiene la razón cuando habla de política… y entonces, quienes hemos estudiado política (¡y nos hemos tenido que leer cada mamotretos!), entendemos a los médicos cuando viene cualquiera a hacerle una disertación sobre su problema de salud; o como se siente un ingeniero informático cuando viene cualquiera a discutirle del rollo de su computadora.
    Pero la política es más explosiva… enciende pasiones ¡Somos muy complejos!

    17 de abril de 2013 en 11:30 PMAbr

  3. El punto es justamente ese, que la Universidad, los libros, la Internet, la filosofía, la libertad de pensamiento, todo nos hace creer que la verdad es una y está allí, la tenemos nosotros, los gobiernos son incapaces de asumirla, incluso cuando es tan evidente, ¿no? Luego, nos damos cuenta, tenemos que hacerlo porque es parte del crecimiento, que las cosas son má complejas, que la verdad es enrevesada y multiforme y que la lógica de la vida es más plural de lo que pensamos cuando la Universidad nos desborda las ganas. Gracias por el post, Claudio. Yo añoro una de esas noches de política en la azucarera. 😀

    19 de abril de 2013 en 11:30 PMAbr

    • 🙂 Así mismo, Rosana… sin dudas, es una buena práctica!

      19 de abril de 2013 en 11:30 PMAbr

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