Con el arte a cuestas

Por Claudio Pelaez Sordo

Espectáculo Nuestra América protagonizado por el Proyecto Comunitario Artístico Korimakao

Espectáculo Nuestra América protagonizado por el Proyecto Comunitario Artístico Korimakao

Todos los cubanos debemos darnos con un canto en el pecho. Korimakao, ese proyecto enclavado en la Ciénaga de Zapata que el Comandante Faustino Pérez le pidió al actor Manuel Porto que creara, y que este último asumió bajo la concesión de que le dejaran nombrarlo proyecto experimental, pues él sabía actuar, pero no hacer arte comunitario, ha crecido en los 20 años de vida que tiene.

Lo mejor de todo es que no me lo contaron. Hoy tengo la dicha de narrarlo. El pasado 18 de abril, vísperas del Aniversario 52 de la derrota que le propináramos los cubanos a un grupo de mercenarios yanquis que luego fueron cambiados por compota -si la derrota hubiese sido en estos tiempos los hubiésemos cambiado por arroz y carne de res-, el Conjunto Artístico Comunitario Korimakao ofreció una gala artística como para volver a disfrutar en varias ocasiones.

Hace poco más de un mes cuando un grupo de blogueros sanamente locos pudimos disfrutar de los ensayos del espectáculo algunos no augurábamos tanta belleza. Todas las noches bien tarde, después de comida, los muchachos subían al escenario a pulir la puesta en escena.

Los cuerpos de los artistas brillaban de tanto sudor. Estaban serios como una roca. La música advertía que los desaparecidos durante las dictaduras latinoamericanas ocuparían un espacio. Mujeres con cuadros en las manos gritaban una palabra para denunciar a muchos: ¡Asesinos!.

Mientras escribo me erizo como en el espectáculo. ¡Qué puesta en escena tan coherente! ¡Qué derroche de talento artístico! ¿Cómo puede ser que supuestos aficionados al arte desborden al mismo arte? Digo supuestos aficionados porque sin duda alguna ellos son artistas. Eso es lo que más aprecio y respeto del arte, que no es exclusivo de quienes hayan pasado una academia.

A Korimakao llega carbón y sale diamante. No puede ser para menos si se despiertan a las seis de la mañana y se acuestan a las seis de la mañana. No duermen porque en sus sueños están esperando el día siguiente. Korimakao es un lugar de tránsito, no un destino final. De allí salen a todas partes de Cuba y del mundo una parte de lo mejor del arte cubano.

Algunos descubren que no están hechos para pintar con pincel, sino para dibujar notas en el piano. “Descúbrete a ti mismo” incita Korimakao no solo a quien lo asume, también a quien lo encuentra.

Quizás Porto haya sido el único que consagró y consagra su vida toda a Korimakao, quizás porque bien sabe él que esa es su gran obra de arte. Más allá de todas sus actuaciones en aventuras, novelas y películas. Él anda con Korimakao a cuestas.

Cuando el pasado 18 de abril lo vi llegar al comedor con su nuevo bigote, borró aquella última imagen que tenía de él mientras hablaba del proyecto cenaguero –gentilicio de Ciénaga de Zapata- en Mediodía en TV y explicaba que Korimakao significaba hombre con la casa a cuestas. En aquella ocasión no había rastros de barba, ni de bigote. Lucía más joven, pero más serio. Esta vez aunque con mostacho me resultó más alegre.

La última imagen que hoy guardo de Manuel Porto es pidiendo otro gran aplauso del público a todos los artistas que confabularon aquel espectáculo tan cubano y latinoamericano. Delatando del anonimato a quienes pensaron la música, el guión, la escenografía, las luces, porque solo el reconocimiento social puede compensar tanta dedicación.

El mayor pecado de Korimakao sería haber ensayado tantos meses para una sola puesta. Ojalá y el teatro Karl Marx en la capital cubana abra sus puertas para tan ingenioso espectáculo. Ojalá y el teatro Heredia en Santiago de Cuba no prive a los santiagueros. Toda obra de arte es efímera, certeza indiscutible, pero que sea por el paso del tiempo, no por nuestra incapacidad para compartir lo bueno.

Y hago una propuesta, una humilde propuesta: propongo que el 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional, el acto principal, en cualquier provincia que sea, tenga como centro el espectáculo Nuestra América, que fue así como nombraron los korimakaos a tan inmenso espectáculo.

Si nadie lo sospecha no interesa, pero en la Ciénaga de Zapata existe hoy uno de los proyectos artísticos comunitarios más revolucionarios de Latinoamérica.  El arte por antonomasia es revolucionario. Y las paredes de la casa que llevan los korimakaos a cuesta están esculpidas con arte.

 

Espectáculo Nuestra América

Espectáculo Nuestra América

Momentos finales de Nuestra América

Momentos finales de Nuestra América

 

 

 

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Una respuesta

  1. Reblogueó esto en nereartes.

    29 de abril de 2013 en 11:30 PMAbr

Enciende la mecha

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