Mi primera fiesta gay

Por Claudio Pelaez Sordo

Exteriores de la discoteca del Echeverría, una parte del ambiente de la fiesta gay

Exteriores de la discoteca del Echeverría, una parte del ambiente de la fiesta gay

Domingo en la tarde. Parece que el día terminará aburrido como cada final de fin de semana. Pero llega Haley, un amigo homosexual que después de compartir un rato en el malecón me invita a una fiesta gay.

Lo pienso varios minutos, pero mi curiosidad por saber cómo es una fiesta gay y el deseo de romper con la rutina dominical me llevan a aceptar su invitación. Luego le pregunté sobre cómo era eso de las fiestas de gay, desde cuando se realizaban, si estaban permitidas. Yo solo tenía conocimiento del cabaret Las Vegas, donde existen shows de transformismo, y de los espacios informales como 23 y Malecón y frente a El Capitolio, donde se reúne parte de la comunidad gay de La Habana.

Lo de estar permitidas sonaba redundante pues la fiesta se haría en el centro juvenil recreativo José Antonio Echeverría, institución estatal donde se organizan, por lo general, actividades de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Por lo tanto, no era ilegal.

Haley me dijo que casi siempre asistía a este tipo de fiestas pues además de sentirse en su ambiente donde  la pasaba cool, el costo de la entrada solo era de 1 CUC. Sobre desde cuándo se hacían no tiene idea, pero ya llevan buen tiempo y se hacen en varios lugares de La Habana. Incluso dice que hay una fiesta que se llama Olimpo, donde hombres disfrazados de Dioses hacen stripper.

Resueltas las dudas partimos hacia la fiesta gay. Allí pondría a prueba mi tolerancia.

Pagamos la entrada y apenas unos pasos dos muchachos se besan eufóricamente. Sí, un muchacho y un muchacho se cogen la boca como si dieran la bienvenida a todo el que llega.

Asombro, me causa asombro, pero no me escandaliza. Admito que nunca antes he visto tanta naturalidad de un beso homosexual. A partir de ese momento parece que he viajado a la antigua Grecia donde los guerreros se amaban hasta la muerte. No encuentro a Patroclo y Aquiles. ¡Qué va! Encuentro Patroclos y varios Aquiles, que al ritmo de reggaetón bailan bien pegados, se menean entre ellos, dan tremendo movimiento de cintura, se acarician y se rechupetean.

Otros buscan pareja incansablemente.  Sin embargo Adrián, un amigo gay de Haley, que no acostumbra a ir a este tipo de fiestas, acude este domingo para despejar de su carga de trabajo organizando fiestas de 15 y además porque su ex pareja lo había invitado.

Dice Adrián que prefiere compartir de otra forma. Con una comida en la casa, si hay un muslito de pollo pues que sea para los dos. Él es más bohemio, más pausado.

A la fiesta gay acuden hermosos travestis que solo son delatados por su voz masculina. A ellos no se les resisten los hombres más guapos que asisten al Echeverría, quienes hacen todo el esfuerzo por llamar su atención. Un mulato le toca una nalga a uno de los travestis mientras este se ríe y le dice que ahí no hay nada suyo.

En uno de los bancos situados fuera de la discoteca también se intercambian besos. Una joven muchacha trigueña camina delante y su pareja, una mujer de unos cuarenta años, le sigue los pasos hasta llegar a otro de los bancos y frotar mejilla contra mejilla, chocar dientes contra dientes.

Más cercano, una conversación se dedica a detallar los novios que han tenido y cuál ha sido el que más les ha gustado. De vez en vez aparece un chiste sobre los heterosexuales, los hacen quedar en ridículos. Cuentan anécdotas de cómo el vecino mandaba a su mujer a buscar algo a la tienda mientras aprovechaba para llevarlo a la cama. Siempre bajo la promesa de que nadie se puede enterar. Y al llegar la mujer de la tienda seguían conversando como si nada hubiese ocurrido.

Haley y Adrián han bailado toda la noche. Haley ha recibido propuestas tentadoras, pero ninguna de la persona que él desea. Ha marcado incansablemente al móvil del muchacho con el que le gustaría pasar la noche, pero no le contesta.

Adrián sufre la separación, siente celos, aunque intente negarlo, por cada beso que su ex pareja se da con el nuevo novio que ha encontrado. Mañana empezará su rutina de maquillajes para muchachas de 15 y quizás esto lo ayude a dejar esa relación atrás.

Son las tres de la mañana. Es hora de irnos. La música continúa. Haley me pregunta cómo la pasé en mi primera fiesta gay. Le respondo que bien, que todo me pareció muy sui géneris, muy cool; que no importa que hayan venido a proponerme pareja por más que intenté posar como objeto heterosexual y anacrónico en la fiesta. Bastó con responder que no era gay. Sabía que corría ese riesgo si quería poner a prueba mi tolerancia. Tolerancia suena feo, digamos mejor, si quería poner a prueba mi capacidad de respeto por otras personas que comparten intereses diferentes.

Lo único que no me gustó fue el nombre del proyecto que promueve las fiestas gay. Se llama Iviza y creo le queda muy grande, por suerte, para el contexto cubano. Pudo encontrar un nombre más original y justo a la medida.

Su esencia, que es lo importante, logra atraer a la comunidad gay de La Habana. No es excluyente de quienes tengan curiosidad o simplemente no puedan pagar los 2 CUC o más que cuestan casi todos los centros nocturnos en La Habana actualmente.

BOOM…

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12 comentarios

  1. Muy buen trabajito cludiño, jajajaj… esto se llama periodismo y sobre todo respeto..

    24 de julio de 2013 en 11:30 PMJul

  2. Reblogueó esto en CHRISTOPHER NEI.

    28 de julio de 2013 en 11:30 PMJul

  3. Me parece muy bien que te hayas esforzado en retar tu homofobia para ir a esas fiestas, donde no pasa nada que uno no quiera que le pase. Por seguro. Me he encontrado a muchos heteros en ellas y la han pasado tan bien como tu.
    Me gustaría hacer una sola aclaración, porque el referente que te dijeron del proyecto Olimpo puede hacerle daño a unas cuantas personas.
    Esa es una de las fiestas más respetuosas que se organizan, muchas veces con artistas profesionales y NO tiene “streapers” (aunque algunos insistan en llamarles así). Lo que tiene, como parte del show, son bailarines masculinos, que internacionalmente se les conoce como bailarines “gogo”, con la diferencia de los “streapers” que no se quitan la ropa. Simplemente hacen lo que hace cualquier bailarina de Tropicana (y de cuantos cabarets hay en Cuba): bailar en shorts, mostrando sus hermosos cuerpos de gimnasio, para la envidia de muchos de los que vamos a pasar un rato agradable entre cervezas y tragos, que jamás aspiraríamos a un cuerpo asi.
    A propósito, habría que preguntarse por qué en los shows de nuestros cabarets las voluptuosas mujeres están en tanguitas mínimas, donde se ve más que en la playa, y los hombres vestidos completo y hasta con zapatos cheísimos! Tal vez por eso la gente le llama “streapers” a los “gogos”… cualquiera se confunde! jejeje
    Algo a investigar, periodistas! 🙂

    30 de julio de 2013 en 11:30 PMJul

    • Gracias Camilo por la aclaración. Ya dedicaré un post a detallar las diferencias primero debo investigar un poco y luego opinar. Si me ayudas con la bobliografía te lo agradeceré.

      30 de julio de 2013 en 11:30 PMJul

  4. mariposa

    que bien, ya veo que te propones conocer sobre temas un poco vedados para las personas comunes, son muy pocos los heterosexuales y menos hombres como tu, que deciden participar en una fiesta de ese tipo, para no herir ¨por decirlo de alguna forma¨ su orgullo varonil,yo pienso que todos tenemos derecho de vivir nuestra vida como se nos antoje, mientras seamos respetuosos, consientes y estemos seguros de que es eso verdaderamente lo que queremos, porque razon es tan comun ver a un hombre y una mujer besandose,acariciandose y dandose todas las muestras de amor posible en un parque, una calle, una guagua, etc…y a dos homosexuales no?
    al final todos somos seres humanos y tenemos iguales sentimientos y formas de ver la vida….creo que todos merecemos respeto, ya seamos hetero o homosexuales.

    23 de agosto de 2013 en 11:30 PMAgo

  5. juan carlos

    Donde se realizan las fiestas del Olimpo?

    25 de agosto de 2013 en 11:30 PMAgo

  6. Sandriuska

    Cluadinno, te note muy pasivo, como si fueran simplemente tus ojos los que describen la escena. Tu respeto me sono redundante, si tienes un amigo gay, sientes respeto, te sientes fuera de la homofobia. Creo que en el Cafe Cantante tambien hacian super fiestas de esas, y asombrosas en comparacion con el 1 CUC del Echeverria.
    Ahora, si vieras la vida gay de Montreal mi amigo. Ya lo de homofobia, respeto, tolerancia, esas palabras son antiguas. Acostumbrarte, simpatizar o no, verlo cool, normal, no te queda de otra, ante un barrio completico para las personas homosexuales, donde banderas multicolores, bares strippers gays, tiendas de accesorios para actos sexuales verdaderamente exoticos, simples cafeterias con decorados artisticos fuera de tono con tu vista pasible, hacen de este mundo sui generis retocado hace miles de anos atras, un ingrediente mas a tu arsenal viviente.

    7 de octubre de 2013 en 11:30 PMOct

    • Abdel

      Perdón, pero mi criterio es que la existencia de un barrio gay no es necesariamente síntoma de aceptación o integración de la comunidad gay. Que los gays se reúnan en un barrio es un modo de ghetto, es decir, como no encuentran espacios de integración con la sociedad pues se unen y se aíslan en una zona específica de la ciudad. Luego también es cierto que esos son sitios que frecuentan heterosexuales no homofóbicos, gente de mente abierta, gente del siglo XXI. Pero hay que ver qué realidad de homofobia hay fuera de las fronteras del ghetto. Si la sociedad fuera verdaderamente abierta a los gays, los gays estarían en todos los bares junto con los heteros, y no en espacios “gays”.

      14 de enero de 2014 en 11:30 PMEne

  7. Abdel

    Al autor del post lo felicito por este paso hacia la integración. Pero creo firmemente que la comunidad gay logrará verdadamente integrarse a la sociedad (y viceversa) cuando cualquier centro nocturno sea un centro mixto, donde se puedan besar los heteros y los gays con igual libertad. Para eso falta muchísimo, pero mientras no confundamos un síntoma de exclusión (la necesidad de espacios para una determinada comunidad) con un aparente paso hacia la integración. Veámoslo de otro modo: ¿sería lindo decir que se hacen fiestas para negros donde los negros pueden besarse? Creo que en este tiempo ya está superada la discriminación racial como para que existan fiestas para negros. Si no existiera una fuerte homofobia, no tendrían que existir las fiestas para gays. Las fiestas para gays son síntoma de que todavía existen fortísimos límites para la integración plena de los gays a la sociedad. Su existencia nos debe hacer pensar en cuánto falta todavía para que gays y heteros gocen de una verdadera igualdad de derecho a vivir la sexualidad.

    14 de enero de 2014 en 11:30 PMEne

    • Guao no lo había visto así Abdel pero coincido contigo gracias por la visión.

      17 de enero de 2014 en 11:30 PMEne

  8. Interesante post no lo había leído hasta ahora . Aquí hay locales donde hacen fiestas similares, les dedican un día de la semana, nunca he ido, quizás vaya un día de estos. Hace poco le hice una entrevista a un joven homosexual y le preguntaba por estos espacios y me dio una respuesta parecida al comentario que deja aquí Abdel. Saludos Claudio, te dejé mi primer comentario, llégate por la manigua y deja algo.

    12 de agosto de 2014 en 11:30 PMAgo

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