El Polvorín

UNPACU y el arroz imperial

Por Claudio Pelaez Sordo

Uno de los papelitos lanzados

Uno de los papelitos lanzados

Son la diez de la noche aproximadamente. Acabo de salir del concierto del español Ismael Serano en el Museo de Bellas Artes. Espero un P-4 que por suerte no demora en llegar y para más suerte aún llega con asientos vacíos. Camino hacia el fondo y ocupo uno de los puestos cercanos a la ventanilla. Unos amigos llegan también del concierto y me acompañan durante el viaje. Mientras damos nuestros criterios sobre el cantautor español unos papeles son lanzados hacia dentro del ómnibus. Son muchos papelitos, parecen promociones de un concierto.

Son promociones, pero no de un concierto. (más…)

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Mi regalo por el Día de las Madres

 

Día de las Madres

Día de las Madres

Por Claudio Pelaez Sordo

El mejor regalo a mi madre se lo hizo ETECSA hace ya un buen tiempo cuando le asignaron el teléfono. Y este Día de las Madres lo aprovechó como si la empresa telefónica le hubiese hecho alguna rebaja en las tarifas.

Desde por la mañana agarró su agendita y todos aquellos números acompañados de nombres femeninos provocaron un timbre en el teléfono de la afortunada madre que la mía llamaba. Aunque no tuvieran hijos, si yo soy el hijo que ellas no tuvieron y las que lo tendrán son madres en potencia.

No fue solamente la mía la que utilizó esa estrategia. Sobradas fueron las veces que mi teléfono sonó para felicitarla. “Muchacha si ahora mismo te iba a llamar para felicitarte, pero te me adelantaste” decía mi madre después de su asombro por la voz que encontraba del otro lado. Y luego de media hora de conversación llegaba el momento de colgar gracias a que había algo en la candela, de lo contrario la persona que le daba ocupado mientras ella daba su charla, desistiría (más…)


Ayuno por el día del amor

Por Claudio Pelaez Sordo paola-oliveira-eriberto-leao-marina-pedro-insensato-coracao-7583

Hoy a las 9:00pm el culebrón Insensato Corazón pondrá en nuestras pantallas un nuevo capítulo. Tú y yo volveremos a ser testigos de ese amor que existe entre Marina y Pedro. De todo lo que han tenido que hacer para unirse, de sus desencuentros y de su encuentro.

¿Qué ya sabes cómo acaba la novela gracias a los DVD que alquilaste? Qué importa, para este post no es importante el final telenovelero. Más bien lo que interesa en este Día del Amor es decirte que te amo más de lo que Pedro ama a Marina. Que yo también sería capaz de salir de una silla de ruedas para ir a buscarte. Que todos los días pienso en ti más de lo que piensa Pedro en Marina. Que yo también me enfrentaría a cualquier custodio para entrar a la fiesta donde un tipo esté seduciéndote y gritar que te amo.

¿Qué no me parezco a Pedro? ¿Qué no soy tan apuesto cómo él? Eso es un cuento. Solo que no has descubierto el lado del que me veo más guapo y por supuesto las cámaras no se han esforzado en enseñártelo.

Tú eres más la mujer de mi vida que Marina lo es para Pedro. Cuando se acabe la novela Pedro se irá a buscar a otra y hasta se cambiará el nombre. Ves, que es un impostor, seductor de novelitas. Está bien, de novelas. Sin embargo yo continuaré con mi nombre para seguir siendo tu macho rico en esta bella realidad. Está bien, en esta jodida realidad.

En lo que solo Pedro y Marina pueden superar nuestro amor es en los desayunos que se preparan después de estar en la cama. Ahí si te acepto que ames más a Pedro; incluso, ahí si pudiera aceptar más a Marina, porque enfrentarse cada mañana al pan con aceite que te preparo, después de haber estado toda la noche juntos, es chocante. Y si no hay nada con lo que mojar el pan, entonces el agua con azúcar es la salida. Y eso es más duro. Y si de contra el día anterior no fui a buscar el pan a la bodega por quedarme dándote cariñito, entonces el desayuno es dulce, pero más duro.

Lo que sí sigue siendo superior en cada desayuno, incluso en cada almuerzo y comida, es mi amor por ti. Unido a esas ganas de sentir tu vientre húmedo y lanzarme como por tobogán a ese mar con horizonte en tus labios.

Ya ves, ni esos insensatos desayunos pueden ridiculizar mi amor por ti.


Discursando por la Lenin

Por Claudio Pelaez Sordo El local, rincóndesueños y desvelos

Este post va dedicado a mis amigos de la Lenin (los que se fueron y los que se quedaron) y a todos aquellos con los que tuve el placer de compartir cubículo, aula, pasillos, discusiones políticas.  Cuando han pasado algunos años me doy cuenta de que tuvieron razón en muchos temas por los que discutimos, espero que ellos me hayan concedido la razón en otras. A ellos les agradezco mis ganas de superarme, la competencia necesaria, las canciones de Frank Delgado jamás escuchadas, los intentos de acordes con Romeo y Julieta y la irreverencia de enseñarme a hacer huelgas en el momento preciso aunque los enfrentara.

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Sentir y dejar

Por Claudio Pelaez Sordo

La abuela que hoy anda en silla de ruedas porque sus piernas no conocerán más lo que es dejar huellas sobre la arena, permanece también a oscuras porque sus ojos dejaron de encandilarse ante la luz del sol.

Huellas

Huellas

Sus manos como hoja de papel secular le permiten el gusto todavía de tocar al nietecito, ya no tan pequeño como cuando reparaba en sus pasos. A su voz, tan débil como la gota de estalactita, le sobra un hálito de sonido para suspirar sus deseos que terminan siendo consejos a quienes no han aprendido a no darla por loca. La piel manchada y estrujada empaña la vista al tiempo que provoca una caricia sobre un roble de cien años. La dentadura ha quedado vencida por el tiempo, pero con un solo diente tan blanco como la sal, tritura todo bocado que intenta resistirse.

La abuela a veces piensa que todo lo que hizo en algún momento ha quedado olvidado por su estorbo rutinario. “Muerta al menos me llevarían flores”, es la frase que no deja morir. Es por eso que su único consuelo es el nieto a quien enseñó a andar, a mirar, a sentir, a escuchar, a respetar, a convivir, a enfrentarse. Después de todo, abuela sabe que no está sola en el mundo y que hay huellas más grandes que las dejadas por los pasos en la arena.


Salsa de caldero

Por Claudio Pelaez Sordo

Caldero

Caldero

Quiero comer en el caldero. Sentir el sonido de la cuchara contra el aluminio y olvidarme de la porcelana insípida de los platos. Quiero regodearme con toda la salsita que cada caldero guarda luego de estar a la candela. Olvidaré que como con tenedor y morderé la cuchara con guapería cariñosa. Voy a mezclarlo todo en su profundidad, a moverlo bien para que cada bocado esté bien empapadito de toda esa sustancia que me hace la boca salsa. Ante las réplicas de mi madre de “¿por qué no comes en el caldero para que no ensucies más platos?”, responderé enérgicamente y agarraré al caldero por las orejas. Cavaré como si estuviera enterrando un tesoro y sobre él dejaré toda esa hambre que a veces no me deja ni pensar. Mientras mastique daré toques contra su voluminoso cuerpo para que todo el barrio se entere de que  estoy comiendo en el caldero. Moveré minuciosamente la cuchara para que no quede ni un granito de arroz. Al terminar me daré cuenta de que tengo que fregar el caldero y desearé entonces el haberme enfrentado a la insípida porcelana del plato. Pero sé muy bien que si mañana se me vuelve a poner en frente un caldero con salsa disponible, se repetirá la misma historia.


Colores desbordados

Por Claudio Pelaez Sordo

Bodeguera

Soy el hijo de la bodeguera y te pido de favor que no la uses como ejemplo para hablar de personas ignorantes.

Soy también el hijo del barrendero y no me gusta cuando hablas de él en tono despectivo.

Soy sobrino del hombre que anda con un saco recogiendo latas dentro de los lugares más hediondos de La Habana y tu sonrisa de burla me provoca mucha roña y ronchas.

Además, tengo el privilegio de que mi prima sea la tía de limpieza de una primaria donde los niños la quieren más que a la maestra; así que tu lástima solo te lastima a ti. (más…)


Plusvalía

Claudio Pelaez Sordo

Aguacero

Aguacero

Demasiado aguacero para tan poca sombrilla. Demasiado mar para tan poco cañaveral. Demasiadas palabras para tan poco tiempo. Demasiadas lágrimas para tan poca sonrisa. Demasiados caminantes para tan pocos caminos. Demasiada censura para tan pocos decisores. Demasiados decisores para tan pocas decisiones. Demasiado sol para tan poca tierra. Demasiadas bocas para tan poca comida. Demasiado odio para tan poco tiempo. Demasiadas pesadillas para tan poca cama. Demasiada pataleta para tan poco blogroll. Demasiado madrugar temprano para tan poca luna. Demasiado universo para tan pocos planetas. Demasiadas verdades para tan poca justicia. Demasiados hombres para tan poco valor. Demasiados recuerdos para tan poco futuro. Demasiado horizonte para tan poco diálogo. Demasiados periódicos para tan poca y única noticia. Demasiadas manos para picar el cake. Demasiadas cuerdas para tan pocos acordes. Demasiada expectativa para tan poca sorpresa. Demasiado amor para tanto desprecio de aquella muchacha que se fue caminando bajo el aguacero. Demasiado poco para tanta cobardía.


Sobre tu propio eje

Claudio Pelaez Sordo

Fotograma del filme Una Noche

Fotograma del filme Una Noche

Un día y no una noche. En tierra firme y no en el mar. Mientras estés solo y no acompañado. Cuando estés detenido y no entravesía. Al verte a ti y no a los demás. Te darás cuenta de todo lo que has hecho mal. De los besos que rechazaste por no enfrentar los prejuicios. Dirás que no sirvió de nada, que el plan ha sido todo un fracaso. Pensarás en quienes te hicieron bajar la cabeza o en quienes no querías mirarle a los ojos. Buscarás consuelo en vano. Dejarás de ser el mismo de hace unos segundos. La vida ya no sigue igual. Dejaste que otros la cambiaran y perdiste tu oportunidad. Y entonces, cuando todo haya acabado, te darás cuenta que estás en el mismo lugar girando sobre tu propio eje imaginario, para rendirte al paso de los días y las noches.